DISCAPACIDAD
MOTORICA
Se entiende que un niño o
niña con discapacidad motórica es aquél que presenta alguna alteración motriz,
transitoria o permanente, debido a un mal funcionamiento del sistema
óseoarticular, muscular y/o nervioso, y que, en grado variable, supone ciertas
limitaciones a la hora de enfrentarse a algunas de las actividades propias de
su edad. Las alteraciones que se producen en el sistema óseoarticular incluyen
malformaciones que afectan a los huesos y a las articulaciones, tanto de origen
congénito, artrogriposis y agenesias, como adquiridas, entre las que se
encuentran reumatismos infantiles y traumatismos. Cuando la afectación es a
nivel del sistema muscular, se habla de miopatías. Son alteraciones de la
musculatura esquelética, de origen congénito y caracterizado por un
debilitamiento y degeneración progresiva de los músculos voluntarios.
La lesión puede ser producida también por un mal funcionamiento en el sistema nervioso. Puede estar alterada la médula espinal debido a traumatismos, tumores o malformaciones congénitas que provocan parálisis más o menos invalidante según el nivel de médula afectada. Otras alteraciones son debidas a procesos infecciosos por virus (poliomielitis anterior aguda); o a malformaciones congénitas producidas en el embrión en el período formativo de la columna vertebral y médula. A este último grupo pertenece la espina bífida. Por otro lado, se presentan lesiones a nivel cerebral. Si estas se han producido antes, durante o hasta los tres años de edad, se denominan parálisis cerebral infantil (PCI). Es la causa más frecuente de discapacidad motora. Este mismo efecto, discapacidad motora, puede ser producido por lesiones cerebrales debido a traumatismos craneoencefálicos y tumores que se dan en edades posteriores. El término permanente al que se hace referencia en la definición de discapacidad motórica no determina que dicha discapacidad sea de carácter definitivo. Muchas de las dificultades que acompañan al niño discapacitado motor son susceptibles de mejoría y pueden llegar a ser superadas, si se ponen todos los medios adecuados, tanto materiales como psicopedagógicos y se favorece el máximo desarrollo de las potencialidades del alumno.
Las alteraciones que se pueden observar, consecutivas de lesiones en el aparato locomotor, son de grado variable, dependiendo de su extensión, localización, origen e importancia funcional de la zona lesionada. Es imposible la generalización en cuanto a síntomas y manifestaciones características de cada una de las patologías que pueden ocasionarlas. Por lo tanto, se hace necesario concebir a cada niño como un individuo, con unas determinadas capacidades funcionales y, a su vez, condicionado por el entorno socio-familiar y escolar que le rodea. Es imprescindible conocer cómo estas alteraciones en el funcionamiento del aparato locomotor limitan algunas funciones y actividades del niño que serían consideradas necesarias y propias para su edad. Se crea una clara desventaja. Así, las limitaciones más significativas que se pueden encontrar en la escuela, en los alumnos con discapacidad motriz, son las referidas a la postura y a la falta de movilidad. Se concretan en dificultades para mantener una postura adecuada, para adaptar las distintas partes del cuerpo a los cambios posturales, para disociar movimientos de unas zonas corporales respecto de otras y/o para coordinar adecuadamente los grupos musculares necesarios para realizar diferentes actividades. Además, es frecuente que estos niños presenten problemas en sus desplazamientos, por lo que necesitan de diferentes ayudas técnicas (bastones, sillas de ruedas...), que les faciliten y posibiliten el acceso a todas las dependencias de su centro educativo. Otra limitación que se puede encontrar, por ausencia de control postural e incoordinación de movimientos, está en la utilización de los miembros superiores. Esto dificulta en gran medida las posibilidades manipulativas del alumno y enlentece el desarrollo y adquisición de diferentes contenidos escolares, entre ellos la escritura. En ocasiones, estas dificultades se pueden ver agravadas por la existencia de movimientos involuntarios, debilidad muscular y sincinesias.
La lesión puede ser producida también por un mal funcionamiento en el sistema nervioso. Puede estar alterada la médula espinal debido a traumatismos, tumores o malformaciones congénitas que provocan parálisis más o menos invalidante según el nivel de médula afectada. Otras alteraciones son debidas a procesos infecciosos por virus (poliomielitis anterior aguda); o a malformaciones congénitas producidas en el embrión en el período formativo de la columna vertebral y médula. A este último grupo pertenece la espina bífida. Por otro lado, se presentan lesiones a nivel cerebral. Si estas se han producido antes, durante o hasta los tres años de edad, se denominan parálisis cerebral infantil (PCI). Es la causa más frecuente de discapacidad motora. Este mismo efecto, discapacidad motora, puede ser producido por lesiones cerebrales debido a traumatismos craneoencefálicos y tumores que se dan en edades posteriores. El término permanente al que se hace referencia en la definición de discapacidad motórica no determina que dicha discapacidad sea de carácter definitivo. Muchas de las dificultades que acompañan al niño discapacitado motor son susceptibles de mejoría y pueden llegar a ser superadas, si se ponen todos los medios adecuados, tanto materiales como psicopedagógicos y se favorece el máximo desarrollo de las potencialidades del alumno.
Las alteraciones que se pueden observar, consecutivas de lesiones en el aparato locomotor, son de grado variable, dependiendo de su extensión, localización, origen e importancia funcional de la zona lesionada. Es imposible la generalización en cuanto a síntomas y manifestaciones características de cada una de las patologías que pueden ocasionarlas. Por lo tanto, se hace necesario concebir a cada niño como un individuo, con unas determinadas capacidades funcionales y, a su vez, condicionado por el entorno socio-familiar y escolar que le rodea. Es imprescindible conocer cómo estas alteraciones en el funcionamiento del aparato locomotor limitan algunas funciones y actividades del niño que serían consideradas necesarias y propias para su edad. Se crea una clara desventaja. Así, las limitaciones más significativas que se pueden encontrar en la escuela, en los alumnos con discapacidad motriz, son las referidas a la postura y a la falta de movilidad. Se concretan en dificultades para mantener una postura adecuada, para adaptar las distintas partes del cuerpo a los cambios posturales, para disociar movimientos de unas zonas corporales respecto de otras y/o para coordinar adecuadamente los grupos musculares necesarios para realizar diferentes actividades. Además, es frecuente que estos niños presenten problemas en sus desplazamientos, por lo que necesitan de diferentes ayudas técnicas (bastones, sillas de ruedas...), que les faciliten y posibiliten el acceso a todas las dependencias de su centro educativo. Otra limitación que se puede encontrar, por ausencia de control postural e incoordinación de movimientos, está en la utilización de los miembros superiores. Esto dificulta en gran medida las posibilidades manipulativas del alumno y enlentece el desarrollo y adquisición de diferentes contenidos escolares, entre ellos la escritura. En ocasiones, estas dificultades se pueden ver agravadas por la existencia de movimientos involuntarios, debilidad muscular y sincinesias.
PARA TENER EN CUENTA:
Adaptaciones curriculares: Dentro del concepto de necesidad educativa especial que hemos planteado al principio del capítulo, como tipo de ayudas extraordinarias que un alumno precisa para conseguir los objetivos de la educación, las adaptaciones curriculares son ayudas que necesitan algunos alumnos con parálisis cerebral.
Motivación: De los resultados de
la evaluación del ámbito socio-afectivo se tendrá información sobre sus
intereses, refuerzos preferidos, percepción de sí mismos, nivel de seguridad en
las tareas, nivel motivacional... Se constata frecuentemente la necesidad que
tienen estos alumnos de un refuerzo en su motivación para el trabajo escolar.
Interacciones sociales:
Debido a las limitaciones motrices y otros factores ambientales, las
interacciones sociales con el grupo de iguales se ven disminuidas
prioritariamente en actividades y juegos de patio. Es clara la necesidad de
planificar estrategias para que estas interacciones se normalicen.
Exploración
del entorno: En niños con PC el número y la cantidad de sus experiencias,
en la exploración del entorno son limitadas por haber tenido menos
oportunidades para desplazarse y comunicarse. La carencia de estas experiencias dificulta la construcción de
determinados conceptos básicos. El niño tiene necesidad de que las experiencias
le sean facilitadas en todo momento, por lo tanto hay que planificar
situaciones y estrategias que suplan esas carencias.
INICIO DE LA ESCOLARIZACIÓN
Cuando un niño con discapacidad motórica va a
ser escolarizado por primera vez en un centro educativo, surge la necesidad
inmediata de hacer una primera valoración. Esta valoración, cuyo objetivo
primordial es determinar la modalidad de escolarización, va a permitir detectar
las primeras necesidades y tomar las decisiones oportunas para poder preparar
los recursos necesarios y su organización. Es al orientador del centro,
receptor de la solicitud de escolarización, al que le corresponde esta primera
tarea evaluadora, contando con la colaboración del Equipo Específico de
Motóricos. El orientador, en primer lugar, recaba la información pertinente
referente a:
– La familia
– El
niño
– El centro
Mediante entrevistas y cuestionarios (Anexo I)
se obtiene de la familia datos referentes a: diagnóstico clínico, estructura y
dinámica familiar y desenvolvimiento del niño en el hogar. Respecto al niño se
considera lo más adecuado, si es posible, acudir a la guardería, a la que
asiste con el fin de observar directamente las competencias del alumno. Además
se recoge la información que los educadores puedan aportar. Para esta recogida
de información es conveniente la utilización de un guión con los aspectos más
significativos que presenta el niño con discapacidad motórica. (Anexo II).
EDUCACIÓN INFANTIL
No se va a definir un modelo teórico de
evaluación para luego realizar afirmaciones de cómo debe ser la práctica
evaluadora en coherencia con dicho modelo. Pretendemos situarnos en el lugar de
un profesor-tutor de Educación Infantil que comienza el curso con un grupo de
alumnos entre los que se encuentra uno con discapacidad motórica. En un primer
momento a este tutor, respecto al grupo de alumnos, se le plantearán
interrogantes del tipo:
¿Cómo es este grupo de alumnos? ¿Cuántos han
estado en escuela infantil anteriormente?
¿Qué
grado de autonomía posee el grupo?
¿Hay
alguno de ellos con NEE permanentes?
Seguramente
tenga ya recogida alguna información, bien del centro anterior o bien por parte
de la familia, con respecto a las características de los alumnos.
En
el niño con PC siempre es necesario una evaluación específica del
fisioterapeuta. De su resultado dependerá la atención fisioterápica que se le vaya
a dar y las orientaciones que este profesional dé al tutor, al logopeda y al
auxiliar educativo para facilitar los aprendizajes. Esta evaluación comprende
aspectos como:
– Tono muscular: existencia de espasticidad,
de hipertonía, hipotonía y tono fluctuante.
– Actitud postural en reposo y movimiento.
–
Balance muscular y articular: existencia de retracciones y su reductibilidad.
– Nivel de desarrollo motor: presencia de
reflejos primitivos, movimientos anormales involuntarios, reacciones de enderezamiento,
reacciones de equilibración, control postural, cambios posturales,
deambulación, presión y prensión
–
Grado de autonomía: vestido y desvestido, aseo personal, alimentación y
eliminación.
Del
resultado de la evaluación, el fisioterapeuta suele diferenciar entre niños
levemente afectados, moderadamente afectados y gravemente afectados. Se
consideran casos leves aquéllos que poseen marcha independiente y/o necesitan
poco o ninguna ayuda física para realizar las actividades escolares y de la
vida diaria. Casos moderados son aquellos que precisan ayudas técnicas y/o
personales para la deambulación y/o para llevar a cabo las actividades en el
centro escolar y en la vida diaria. Casos graves son los que no tienen marcha
autónoma, independientemente de la mayor o menor afectación de los miembros
superiores
ESTRATEGIAS PARA TRABAJAR CON NIÑOS Y
NIÑAS CON DISCAPACIDAD MOTÓRICA
Esta
dimensión hace referencia a las posibles maneras de actuar que ayudan al
profesor a evaluar al alumno con deficiencia motórica. Las estrategias que se
van a comentar pretenden que cada tarea que se le presente al niño sea una
situación en la que ese alumno, en concreto, pueda demostrar su máxima
competencia. No todas las estrategias son válidas para todos los niños con PC.
Será preciso probar y encontrar las más adecuadas a cada niño y a cada tarea.
Algunas estrategias a tener en cuenta son:
Siempre
que sea posible, las actividades evaluadoras se realizarán en situaciones
normalizadas de clase
– Hay que seleccionar actividades
representativas de los objetivos y contenidos a evaluar.
– Teniendo en cuenta la gran excitabilidad de
un alumno con PC, habrá que extremar las condiciones ambientales y vigilar el
estado de tensión del propio niño en el momento de ser evaluado. Si se
observara crispación, sería conveniente antes de realizar cualquier actividad
evaluadora relajar al niño.
– En las actividades evaluadoras se deberán
utilizar los materiales que el alumno emplea cotidianamente en el aula. Se
probarán diversas adaptaciones para saber con cuál de ellas el alumno rinde
más.
Es
preciso tener en cuenta el tiempo empleado por el alumno con PC para hacer una
tarea. Suele ser más prolongado que lo habitual. Es necesario adaptarse a su
ritmo. No adelantar la respuesta.
– Desmenuzar la actividad en pasos muy
pequeños y de dificultad progresiva.
– Para que la evaluación sirva de punto de
partida a la intervención se precisa describir el tipo de ayuda: física,
aportar modelo simultáneo, presentar modelo de actividad para que se imite, dar
consignas parciales en lugar de una global, apoyos visuales...
– En la evaluación del aseo y del vestido se
puede probar con diferentes adaptaciones de las prendas: velcros, botones
grandes, anillas en cremalleras... y adaptaciones del WC.
– Para valorar la autonomía en alimentación
hay que tener en cuenta los diferentes alimentos y la existencia de utensilios
adaptados.
– Cuando
existe producción hablada, aunque con algunos errores de pronunciación y
problemas de manipulación, se basará la exploración en respuestas verbales.
– En caso de no existir habla, el niño
utilizará la señalización por medio de la mirada o las manos.
–
Pueden emplearse también preguntas cerradas que requieran como respuesta un
movimiento de cabeza.
– Si
existen grandes problemas de pronunciación, el niño puede usar para responder
las emisiones verbales o la señalización. No es conveniente usarla de forma
simultánea para no provocar reacciones asociadas.
–
Evaluar por separado lo que es capaz de expresar y lo que es capaz de
comprender.
–
Para la utilización funcional de las manos, a la hora de realizar las tareas en
la mesa, necesitará mantener en todo el cuerpo una correcta postura de sentado.
En niños con PC hay que facilitarla en la medida de lo posible.
– Si
no es posible la sedestación, se valorará la alternativa postural de decúbito
prono con apoyo de un rodillo o una cuña triangular.
– Al realizar las actividades, tanto en suelo
como en mesa, para conseguir la postura correcta y aportarle la mayor
estabilidad y seguridad, se realizarán las adaptaciones de mobiliario y se
probarán materiales que ayuden a mantenerla (cojines, cinchas, cuñas...).
– Hay que dirigirse al alumno de frente y a la
altura de los ojos para evitar posible hiperextensión del cuello que le haga
perder la estabilidad postural.
– En ocasiones es preciso priorizar la
realización de una tarea a costa de no mantener una postura totalmente correcta
procurando que sea por cortos periodos de tiempo.
– En
niños con deficiente control cefálico es conveniente presentar la tarea en el
plano vertical (atril, pizarra, corcho...).
– Se
deben colocar ambas manos sobre la mesa. La más afectada sirve de ayuda. Para
conseguir abrir manos ligeramente cerradas es efectivo dar unos masajes en el
dorso.
– Cuando la afectación de las manos es muy grave
el profesor “hace de manos” del niño y éste le va indicando la resolución de la
tarea.
– Se colocarán los materiales en la mesa donde
se aprecie que la coordinación viso-manual es mejor. – En niños con problemas
perceptivos:
• Hay que alentarles para que miren sus manos
y los objetos que manipulan.
•
Presentar dibujos y láminas de tamaño mediano, esquemáticos, con detalles
esenciales y sin fondos farragosos.
•
Ante una lámina asegurarse con preguntas si percibe lo que queremos.
• Localizar en qué lugar del campo visual
percibe mejor. Para ello se puede ir trasladando la tarea por la superficie de
la mesa.
•
Presentar los dibujos con colores que hagan contraste.
• En el trabajo con láminas murales, el alumno
puede disponer de un dibujo igual de menores dimensiones en su mesa.
– Si presenta tendencia a ladearse se
presentarán los objetos y actividades del lado contrario.
–
Las instrucciones que el adulto dé para la realización de la actividad
evaluadora serán claras, concisas y suficientemente espaciadas unas de otras
para facilitar el ritmo de procesamiento de los mensajes.
– Cuando un niño con PC carece de
desplazamiento autónomo se le acercará el material necesario o bien se le
conducirá a los diferentes rincones del aula.
– Se
probarán los diferentes sistemas de incentivos de comida, bebida, contacto
visual, contacto físico, golosinas preferidas o refuerzo verbal positivo y así
se podrán seleccionar y utilizar los más eficaces.
– Es
importante observar expresiones habladas o gestuales que nos indiquen el estado
emocional del niño.
– La utilización del ordenador puede facilitar
o suplir algunas actividades de evaluación.
ORIENTACIONES PARA LA RESPUESTA
EDUCATIVA
El niño con PC puede y debe ser integrado en
un centro ordinario. Aunque este tipo de alumnos presenten ciertas dificultades
de aprendizaje, un análisis de toda la información recogida en la valoración
definirá las NEE. Una vez definidas éstas, se puede preparar una respuesta
compensatoria adecuada. Las ayudas que precisan los alumnos con discapacidad
motórica para acceder al currículo son diferentes a las ayudas que precisan el
resto de los alumnos y, por lo tanto, han de generar intervenciones pedagógicas
específicas diferentes a la respuesta pedagógica ordinaria y que deben ser
tenidas en cuenta en todos los niveles de adaptación curricular que se
considere necesario. Estas intervenciones pedagógicas, al ser decisiones de
todo el equipo de profesionales que actúa con el niño, deben ser explicitadas
en el Proyecto Curricular de Centro, en la programación de aula y en las
adaptaciones individuales. Por tanto, el primer nivel de intervención en la
respuesta y establece una estructura educativa necesaria para conseguirlos. Las
decisiones sobre las actuaciones pedagógicas que se precisen en los siguientes
niveles de concreción del currículo han de ser tomadas en consideración por el
tutor y el equipo de profesionales que intervienen con el alumno. Estas decisiones
tendrán como fundamento la valoración de la situación concreta y real de las
posibilidades y limitaciones del alumno y del entorno escolar. Esto facilita,
mediante el empleo de determinados recursos materiales y/o personales, que el
alumno aprenda lo que se ha planificado enseñarle. Concretando y teniendo en
cuenta lo dicho anteriormente, las adaptaciones para la intervención irán
encaminadas a realizar:
–
Modificaciones a nivel centro.
– Modificaciones a nivel de aula: adaptaciones
poco significativas.
Colaboración de : Maira Delgado





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